Condición Inicial

Actualizado: 24 de jun de 2019



De la matemática del caos, uno de los enfoques de esta disciplina que se especializa a estudiar aquellos sistemas caóticos, complejos e inestables, tenemos una contundente verdad que dice que las condiciones iniciales de cualquier sistema, son determinantes en como se desenvuelve éste y sus consecuencias. Usando este principio universal, que también aplica a la psicología de los individuos y la social, es que entonces tenemos un valioso referente para profundizar en nuestras propias realidades y limitaciones.


Desde la perspectiva de la mente individual o colectiva, esta situación se reduce a una muy fundamental relación inicial entre el sujeto que observa y el objeto observado. Esta dualidad activa, describe la esencia de la interacción de estos atractores raros que forman tal sistema, caótico y complejo a la vez. Quien observa, lo hace desde la propia complejidad interna de su mente, una mente fragmentada por las limitaciones que surgen de sus propios traumas y experiencia. En cuanto al objeto de la observación, este se define `por sus cualidades, sean materiales o no y ambos, operan y se definen por el contexto en el que interactúan, dando así un maravilloso fenómeno de manifestación que revela entre otras cosas, la diversidad que distingue a la vida y sus consecuencias. Nada más místico y misterioso que este devenir de la existencia, que aunque difícil de descifrar, revela todas las verdades y misterios de la vida misma.


Cuando de las personas se trata, muchos modelos de psicología -todos valiosos por lo que ofrecen- se quedan cortos en su aportación al ser ajenos a aquella etapa inicial de nuestro desarrollo y que tiene que ver con la experiencia perinatal. Esta etapa, que implica el proceso de concepción, desarrollo embrionario, parto y la influencia del entorno, opera de manera crítica para entender y resolver aquellos aspectos que fueron creados durante y posteriores a esta, nuestra principal condición inicial. En mi experiencia personal de facilitación del cambio, puedo constatar y enfatizar lo definitorio de esta situación, cuando gran parte de lo que atendemos tiene que ver con la experiencia del trauma al nacer. En lo personal, mi propio nacimiento se vio marcado por la agresiva interferencia del fórceps, un proceso que dejó marcas terribles e inclusive afectó mi capacidad visual al ser dañado el nervio óptico en uno de mis ojos.


Así, tenemos que vivencias en la etapa del embarazo o parto marcan nuestras vidas en formas difíciles de imaginar. Actualmente, interesantes descubrimientos en neuroendocrinología, confirman como es que un entorno embrionario lleno de estrés, impactará en el feto y de manera epigenética, influirá en su tendencia a generar hormonas de estrés a lo largo de su vida, a diferencia de aquellos con una experiencia embrionaria de tranquilidad. No solo eso, en ocasiones, la experiencia misma de la concepción se da en condiciones de tal adversidad que dejan marcas definitorias en aquel futuro cigoto que emergerá de la unión del ovario y esperma de los padres. Siendo más materialistas, tenemos que un óvulo fertilizado simultáneamente por dos espermas, por ejemplo, devendrá en dos fetos y esto es la confirmación de esta regla. En la psique no es distinto y es que la relación entre la mente y materia es igual de determinante.


Los principios del caos, como anteriormente se refieren, aplican también en contextos de otro tipo como son aquellas condiciones que determinan las relaciones humanas, por ejemplo. Quien se haya enamorado a primera vista o se haya visto involucrado en una negociación, conflicto o proyecto, pueden constatar como estas experiencias dependen también de que las condiciones iniciales correctas se hayan dado-o no- para lograr tales experiencias.


Teniendo en mente esta situación, podemos entonces inferir que toda experiencia, sin importar su individualidad o contexto, será definida en su ciclo de vida por aquellas condiciones iniciales desde donde fue creada. El desarrollo posterior ciertamente estará marcado por estas y a medida que pasa el tiempo, la información necesaria será más difícil de percibir y entender, ni que decir de las correcciones que de esto se requieren. Partiendo de esta lógica, tenemos entonces que el ciclo de vida de aquello que nos interesa, será atendido en la medida de que lo logremos, con mayor éxito si podemos acceder a esta condición inicial para entonces lograr la debida comprensión, integración y corrección posible. Esta, es la esencia que debería regir en cualquier proceso de cambio, sea este de tipo clínico u organizacional o hasta social.



En lo que a procesos de cambio se refiere, la posibilidad de acceder a aquellos aspectos involucrados en lo que estableció las condiciones iniciales de cualquier situación, ofrece una poderosa oportunidad de lograr las correcciones requeridas desde donde el sistema complejo se deberá reorganizar de la manera más sustentable posible. En ocasiones, debido a las condiciones de osificación ya dadas, lo que emergerá son alternativas al daño original. En los casos en que la osificación no se haya concretado, las correcciones se darán de manera fácil y natural para entonces dar pie a una realidad muy distinta. De alguna forma, esto explica aquellos procesos de corrección que llevan a dramáticos cambios hasta de orden fisiológico o de salud corporal, como son la reversión de procesos psicosomáticos, como son ciertos tipos de diabetes o de enfermedades auto-inmunes o inclusive procesos de curación de algunos tipos de cáncer. Todos estos, eventos frecuentemente registrados por la ciencia médica como inexplicables, por decir lo menos. En otros contextos, la regulación de estas condiciones ofrece la liberación de energía o expansión de la conciencia que trae consigo una nueva forma de entender o sentir algo, o de aprovechar de mejor forma los recursos u oportunidades que se tienen a la mano. 

En el aspecto social, esto cobra otro nivel de trascendencia ya que se da la oportunidad de re-organizar aspectos como son el diseño de estructuras jerárquicas o "contratos sociales" que por su situación particular, están profundamente disociados de sus orígenes y que de no ser atendidos, las inercias serían devastadoras. En este último caso, la advertencia es en el sentido de que aquellos grupos sociales incapaces de integrar las condiciones iniciales de su pasado, serán condenados a repetir los patrones caóticos que de estos traumas emergen. Así, siendo conocedores de la realidad social de nuestro país, vale entonces la pena enfrentarnos a nuestro pasado lejano y más determinante, que es el trauma de la conquista, a todas luces vivo y latente como la fuerza psíquica detrás de los principios de orden social, desde donde se establece el caldo de cultivo de una complejidad social por pocos entendida y urgente de resolver. No por nada, el ciclo de cada 100 años de nuestra historia, viene acompañado con levantamientos violentos de diferentes tipos. De ahí que la historia se repite y es que aunque la conocemos, no la concientizamos.


La célebre frase de Freud, “origen es destino”, en este contexto tan amplio entonces cobra un mayor valor. Un valor que invita a la conciencia de cualquier líder para analizar y atender aquellas posibles deficiencias de origen que pudieran marcar un terrible destino y así, también se abre la puerta a lo que es una magnífica oportunidad y promesa de lograr ciclos de vida verdaderamente sustentables y funcionales, en beneficio de todos los involucrados.

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