Entendiendo al Ego

Actualizado: 24 de jun de 2019

Frecuente es caer en los lugares comunes en donde la idea del ego se generaliza para satanizarlo e inclusive sugerir que tiene que morir. Si bien dichas inquietudes muestran una importante realidad, que es el efecto de esta experiencia de la persona en grados limitantes, es importante entender que es exactamente lo que esto significa.





La palabra Ego, se deriva del latín y significa "yo". En los términos más simples, el ego es una función de nuestro aparato mental que nos informa precisamente de nuestra individualidad. Así como poseemos un intelecto y memoria, el ego es parte de este instrumento y por lo mismo, tiene un propósito como ya lo señalamos. Entonces, es pertinente asumir que si aprecio mi intelecto o memoria y no quisiera que estas desaparecieran o fuesen mis enemigas, con el ego es exactamente lo mismo. Entendamos el ego como una función y en consecuencia hay que saber desarrollarlo.


De manera intuitiva sabemos que si pongo la mano en el fuego, una sofisticada operación neurológica que sostiene mi sentido del ego, informará a mi mente que estoy sufriendo un riesgo corporal y en consecuencia, muevo la mano. En caso de hacer planes profesionales o de vida, es el ego quien me dará los contextos en lo relativo a mi individualidad para así tomar las decisiones pertinentes. Entonces, el ego se vuelve un referente fundamental para operar exitosamente en mi vida. Si por circunstancias personales, la información y experiencias a las que he sido sometido cuando niño son de abandono, rechazo o hasta denigración, el sentido de ego será muy débil y en consecuencia como referente no me dará la confianza o temple para lograr mis metas -tal vez ni siquiera sea capaz de definirlas o me vuelva sujeto a lo que los demás me indiquen, por ejemplo. En ciertos grupos sociales, el impacto e influencia del entorno está totalmente diseñado para someter el ego y plegar a la persona a la voluntad del grupo. Los fanatismos y adoctrinamiento de grupos religiosos tienden a ser de este tipo.


Así, tenemos que este sentido de identidad se va formando para ayudarme a vivir a los niveles más burdos o materiales pero también con las características o atributos necesarios -o no-, para crear mi vida a lo largo del tiempo y eventualmente lograr el propósito de vida más elevado o espiritual.


Del psicoanálisis freudiano tenemos un modelo de gran precisión que explica al ego como el sentido del yo que define mi persona en relación a aspectos instintivos como es el id o ello y además en la relación con el colectivo (moral, creencias, valores) que le denominó super-ego. De la psicología del yoga, específicamente del Shivaísmo de Cachemira, tenemos otro modelo que nos habla del ego como Ahamkara siendo parte del aparato interno mental o Anthakarana  junto con otra función,  el intelecto o buddhi y que se entienden como aspectos contraídos del alma en su proceso de evolución. 




Partiendo de estas referencias, tal vez la forma más sencilla de entender el ego es a través de una metáfora y verlo como una brújula que debidamente calibrada, nos indica la dirección del norte magnético y así, tenemos el mejor referente para ubicarnos en la navegación de la vida. Un ego sano y funcional operará en estas condiciones y uno insano o disfuncional, como brújula imantada, es incapaz de darnos un claro referente, gira descontroladamente sin parar. 




Una persona que se involucra en un camino de desarrollo personal o espiritual tendría de manera directa que crear un impacto en la constitución más profunda de este sentido de identidad y en consecuencia, reformular su relación con el mundo que lo rodea y la operación de sus funciones instintivas como el impulso creativo (eros) o el destructor (thanatos), por ejemplo.




Llevando este orden de ideas a niveles de espiritualidad, comprendamos que trascender el ego -que no matarlo, ni enemistarse con él- significa la extraordinaria posibilidad de alinear esta brújula con un sentido de identidad superior y que es la divinidad o experiencia del Ser Supremo. Esta es la experiencia de realización o iluminación a la que se aspira en los caminos espirituales más sólidos y comprometidos. Lograr esto, como resultado implicaría la sanación de huellas emocionales, de creencias y valores; de la influencia social y también, el pleno control de los poderes propios como lo son los instintos naturales. Describir esta experiencia no corresponde a este texto y sería propio de un espacio específico de transformación personal, de ahí que en la tradición del yoga, le llamen Sadhana o camino que lleva a la meta. 




Ahora, la invitación es a andar ese camino, maestros y medios hay muchos. Que encuentres el mejor y no lo dejes nunca.

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