Ustedes vs. Nosotros

Actualizado: 24 de jun de 2019



La oxitocina es probablemente la hormona más celebrada en la actualidad y dada su función para consolidar el vínculo entre madre y crías, o la gestación de conductas pro-sociales como la vinculación entre parejas o miembros del mismo grupo, se ha posicionado popularmente como la molécula del amor. Aunque, cuando vemos con cuidado lo que sucede, tendremos que asumir su prevalencia como el motor de conductas que en veintena de segundos, operan procesos límbicos destinados a agudizar las separaciones ante quienes percibimos ajenos a nuestro grupo. Podemos decir de hecho, que estamos programados para la agresión, como mecanismo de supervivencia, dada esta fenomenología y esto invita a reflexionar profundamente en las capacidades humanas para la resolución de conflictos. 

El mundo de la neuroendocrinología nos invita siempre a navegar entre posiciones contradictorias y es que somos seres fácilmente manipulables cuando de estas se tratan y en especial, en lo relativo a la conducta social. Basta ver la reacción que una persona puede tener al observar a alguien con una gorra o playera del equipo o partido político odiado, o la de aquel de nuestra preferencia. En cuestión de fracciones de segundos, nuestra neurología procesa dicha información para entonces regular nuestra respuesta y predisposición al conflicto o socialización. Esto ofrece interesantes perspectivas a analizar a partir de los constructos mentales y sociales con los quesomos condicionados continuamente.


Para un atento observador del devenir social, le será obvia esta acción negativa que emerge de las estructuras propias de aspectos de identidad tanto personal, como de grupo. Esta segunda siendo un delicioso manjar para la manipulación de identidad o raza, como también la ideológica, ambos ejemplos causantes de tanto dolor a lo largo de la historia y que de manera inconsciente procuramos perpetuar dentro de un sistema de creencias y valores que poco o ofrecen para matizar esta situación. En contrasentido entonces, vale la pena asumir que en la medida que nos alejamos de estos juegos perversos y políticamente correctos, hay que generar un cambio de paradigma en como es que las sociedades gestionan sus usos y costumbres, políticas públicas o meros actos de justicia social. A un nivel más complejo y aparentemente insalvable, tenemos entonces la avasalladora acción del libre mercado que lejos de atenuar esta situación, constantemente la agudiza y para ello basta observar la cultura publicitaria que en aras de los mercados aspiracionales, acentúa las barreras sociales como la racial o de estatus social. No por nada el axioma que dice que al mercado nada le importa tu bienestar.


De la biología evolutiva y del comportamiento, disciplinas que en la actualidad están ofreciendo una gran cantidad de información a la luz de extraordinarias investigaciones tanto de laboratorio y de campo, podemos empezar a extraer una base de conocimiento fundamental para entendernos mejor como individuos y sociedad. La trascendencia de estas investigaciones es de vital importancia hacerlas de un mayor conocimiento dadas las diferentes inercias que hemos creado a la luz de 300 millones de años de evolución que poco o nada se consideran en las escalas de tiempo bajo las que entendemos y buscamos solucionar los retos que nos acechan.


Es importante crear la consciencia de que el pensamiento y organización tribal va en aumento y no para bien, según estamos observando. Salir de la tribalidad implica un profundo ejercicio de transformación social que pasa por el liderazgo. Un deseable liderazgo moderno deberá de asumir los retos y facilitar a los grupos que representan a observarse valientemente en el espejo para efectuar las debidas correcciones de sus estructuras. Las causas y motivos que cada grupo social arropan, no pueden entenderse más desde una lógica que agudice las diferencias a éste nivel; es necesario alzar la voz en éste sentido aún con la posibilidad de ser silenciados por estos mismos grupos, tan propensos a ideologizar sus perspectivas por encima de la racionalidad y datos duros y comprobables. El tiempo apremia y hay que actuar.


Desde la perspectiva del trabajo clínico o pedagógico y con todo esto en mente, es esperanzador poder crear distintos espacios y formas para facilitar seres más integrados, claros y robustos que escapen de toda esta programación mental que nos arrincona a niveles ya, de alarma. Una nueva visión ante estos retos, ya sea en individuos como en grupos, se atiende mejor comprendiendo que somos sujetos a momentos definitorios propios de la influencia colectiva o generacional, a momentos propios de traumas que generan un sentido de rechazo a lo que en ese momento se percibió como diferente y también a la idea de identidad de nosotros mismos y que se va consolidando en el tiempo a partir de aprendizajes matizados por la combinación de los fenómenos antes mencionados.


Cuando se habla de un desarrollo de conciencia, idea tan propia de la cultura del new age -y no por eso desechable-, tendríamos entonces que arropar con valentía la disposición de despojarnos de tantas ropajes que se han albergado en nuestro ego y entonces terminar con tantas ideas de separación que nos son, a manera de adoctrinamiento, improntas en nuestras redes neuronales. Tal vez sea el momento de despojarnos de la idea de estado o patria, de religión o hasta de identidad de género para entonces sabernos humanos e hijos de la madre tierra a quien tanto le debemos. Un ejercicio así, también ofrece otros retos, como lo es la cohesión social o sistema de jerarquías, aspectos que inherentes al sentido de identidad, son inevitables y que ofrecen un sentido de orden y estructura desde donde se pueden también construir muchas soluciones para la época actual. Se necesitan soluciones integrales y que consideren otros aspectos de nuestra neuroendocrinología.


La capacidad del ser humano para adaptarse a entornos es realmente admirable. Nuestra capacidad para el aprendizaje y generación de recursos es además inagotable y de gran capacidad. La historia de la humanidad está llena de estos procesos de cambio de este paradigma, como lo fue la tregua de navidad en las trincheras del frente occidental en la primera guerra mundial, donde alemanes e ingleses jugaron fútbol y compartieron regalos. en ese momento todos se convirtieron en un nuevo "nosotros", "nosotros que estamos en las trincheras y ustedes gobernantes que nos usan como carne de cañon". ¿Por que no entonces, empezar a crear una mayor concientización y aprovechamiento de todos estos conocimientos? ¿Que tal una mayor participación social en términos de provocar que academia, servicio público, sector educativo y empresarial atiendan estas fundamentales causas primarias que nos tienen en la situación actual, tan dolorosa? El buen juez por su casa empieza y esto nos lleva también a considerar aquello que como padres enseñamos -o no- a nuestros pequeños, tan propios de asumir estas posturas de separación que tienen como consecuencia, un caldo de cultivo para el conflicto.




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